Como vacas viendo las colas del paro en Cantabria

Artículo de opinión publicado el martes 15 de marzo en El Diario Montañés

A lo largo de estos últimos meses he tenido la oportunidad de conocer varias historias de superación. Varias vidas que de la noche a la mañana vieron cómo llegaba un virus desconocido y ponía todo patas arriba. Hace unos días me impresionó leer el caso de Raquel, su marido y su suegro que tenían una pequeña empresa familiar. «Nunca se me ocurrió que llegaría una pandemia, se llevaría todo por delante y me quedaría sin trabajo». Su empresa de ambientadores cerró y tuvieron que reinventarse y empezar de cero con geles hidroalcólicos con aroma. Muchas horas, mucho trabajo para salir adelante.

Al igual que Raquel, han sido miles las personas que ha tenido que pasar por esos momentos de incertidumbre, por esa odisea y reinventarse en tiempos de Covid. Son ya demasiados los pequeños restaurantes que han cerrado en Cantabria y han tratado de reconvertirse en pequeños negocios de comida para llevar. Mucha inversión, mucha nueva tecnología y muy poco ingreso, con una competencia feroz y con jornadas de más de 12 horas de trabajo, también desde casa. Todo ello al tiempo que la inmensa mayoría trata de sacar una familia adelante.

No voy a insistir en lo que es evidente: La pandemia ha cambiado nuestra forma de vivir, nuestro trabajo, nuestros intereses. Pero hay algo, o más bien alguien, que se resiste a cambiar. Tenemos un Gobierno regional que no ha sabido adaptarse lo más mínimo a todos esos cambios, cuya prioridad son los platós de televisión y pintar faros de colores como ya he trasladado en varias ocasiones. Y la falta de flexibilidad, como vacas que miran las colas del paro, es sobre todo una falta de sensibilidad.

La pandemia que sufrimos en todo el mundo no sirve de excusa. España ha sido líder de la Unión Europea en el crecimiento del desempleo en el último año. Y Cantabria está entre las comunidades con mayor desempleo juvenil de España. Más de un 40% de nuestros jóvenes están sin trabajo. Es evidente que la respuesta ante la pandemia no está siendo la misma en todas las comunidades y mucho menos en todo el mundo.

Soy optimista. Estoy convencido de que Cantabria tiene futuro. Eso sí, con políticos que sepan adoptar las medidas extremas ante situaciones catastróficas. No con quienes siguen actuando como si nada hubiera cambiado. ¿Cómo es posible que no haya un gabinete de crisis para abordar el futuro? ¿Por qué no se escucha a los empresarios innovadores de Cantabria a la hora de buscar oportunidades? ¿Por qué no se impulsa, de forma extraordinaria, a quienes crean empleo en estos momentos? ¿Por qué apenas se apuesta por las nuevas tecnologías en Cantabria? ¿Por qué no hay un plan de choche contra el desempleo juvenil?

Eso sí, la responsabilidad de esta inacción política en Cantabria no se le debe achacar solo al Gobierno de Revilla. Cómplices de esta catástrofe son los principales sindicatos que olvidaron hace tiempo su labor social. No quiero ni pensar la que hubieran montado en las calles si los peores datos de la historia del empleo en Cantabria fueran con un gobierno del PP. ¿Cuánto hubieran tardado en organizar movilizaciones o protestas callejeras?

Es realmente hipócrita que algunos representantes de la izquierda reclamen la defensa de la mujer en estos últimos días. Un Gobierno que no fomenta oportunidades para las mujeres, que aumenta el nivel de desocupación y de pobreza solo contribuye a hacer más débil su posición. Hace unos días comenté que ahora la mujer que pretendía “sola y borracha volver a su casa” ya no tiene dinero para pagar el alcohol por la falta de trabajo. Esa es la triste realidad en una de las tierras más ricas en recursos y en preparación de España.

Cantabria tiene un patrimonio extraordinario, tiene gente joven capacitada y una cultura del trabajo reconocida. Y por eso me duele ver a muchos dirigentes políticos de plató en plató o limitándose a ver la realidad como si fuera inevitable, como si ellos pasaran por ahí, como si los problemas no fueran con ellos. Todo un manual de ausencia de liderazgo.

Javier Puente Redondo
Senador de Cantabria por el Partido Popular

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