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Un año de intensas reformas, un motivo para la esperanza

26/11/2012

El 20 de noviembre de 2011 la opinión pública española nos transmitió a todos un mensaje muy claro: era necesario un cambio para afrontar una crisis económica que llevaba larvada desde hacía cuatro años; no era posible continuar con una política de mirar para otro lado a la espera de que las cosas se arreglaran por sí solas; había que asumir responsabilidades y realizar cambios para afrontar los retos de un futuro global.

La sociedad española decidió otorgar su confianza al Partido Popular para articular este nuevo estado de cosas. Bajo la dirección de su líder, Mariano Rajoy, el Gobierno de la Nación surgido de las urnas ha emprendido a lo largo de este último año un conjunto de reformas cuyo objetivo prioritario es sentar las bases de un Estado social de derecho sostenible, viable y sólido. De todas ellas me gustaría centrar mi atención en tres.

La primera ha sido la correspondiente al sistema financiero, imprescindible para que el crédito pueda fluir en condiciones de normalidad tanto hacia las familias y los ciudadanos como hacia las empresas, especialmente las pymes, y autónomos.

El segundo de los cambios es el referido a garantizar la sostenibilidad fiscal de las Administraciones Públicas. La situación de gasto desbocado y sin control al que estaban sometidas no era viable ni aceptable para una amplia mayoría de ciudadanos. En apenas doce meses se han fijado los términos para controlar el déficit público y el endeudamiento de nuestras Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, garantizando así su supervivencia y su capacidad para seguir atendiendo los derechos y necesidades de la ciudadanía.

Y la tercera de estas grandes reformas es la que atañe al mercado laboral. Los niveles de desempleo de la sociedad española no son aceptables. Tras las frías estadísticas se esconde la cara personal de un drama que es preciso atajar de raíz. Todos somos conscientes de que el mercado laboral ha cambiado profundamente a lo largo de los últimos 35 años de nuestra democracia. Las empresas, que son las grandes generadoras de empleo, requieren un marco productivo flexible y competitivo, que permita que nuestras pymes y grandes compañías consoliden su negocio en España y salgan fuera a competir; y que también posibilite la llegada de empresas procedentes del extranjero, con capacidad para crear aquí nuevos puestos de trabajo. Los trabajadores precisan de un entorno que facilite su acceso al mercado laboral, que ofrezca oportunidades reales y con expectativas de futuro, que acabe con el exilio forzoso de muchos de ellos y que fomente valores como la formación continuada, la adaptación al cambio o el emprendimiento.

Pero todo este conjunto de actuaciones no deben ocultar que todavía resta bastante por hacer. Durante los próximos meses se seguirá profundizando en las reformas estructurales que sienten unas bases sólidas.

Estas reformas estructurales se centran, entre otros, en tres grandes ejes directrices. En primer lugar, mejorar los niveles de eficacia de las Administraciones Públicas en su atención a los ciudadanos, garantizando los servicios públicos con unos menores costes económicos. En segundo lugar, impulsar la competitividad a partir de la liberalización del sector servicios, el apoyo a la internacionalización de nuestras empresas y el reforzamiento de la actuación llevada a cabo por las pymes y los emprendedores. Y, finalmente, potenciar, de común acuerdo con los distintos sectores productivos, el impacto de la “Marca España”, ligándola con atributos como calidad, fiabilidad, atención y saber hacer, favoreciendo así tanto la expansión de nuestras empresas al extranjero como la llegada a nuestro país de nuevas compañías y de un número mayor de visitantes turísticos.

España es una gran Nación. Somos el segundo país del mundo en ingresos por turismo; dos de nuestros bancos se encuentran entre los cinco mejores del mundo; dos de nuestras empresas del sector textil están entre las cinco principales del mercado internacional; las compañías españolas del sector de energías renovables son unánimemente señaladas como líderes en todo el mundo; un tercio de los vuelos mundiales son operados por una compañía española; en mercados tan competitivos como telecomunicaciones o industria naval contamos con empresas de referencia en los principales mercados.

Con el esfuerzo de todos los ciudadanos, España debe seguir siendo un referente mundial, un país lleno de oportunidades para todos. Juntos podemos construir un futuro mejor, no sólo para nosotros y nuestros hijos sino también para las próximas generaciones. Un futuro marcado por la libertad, la activa defensa y protección de los derechos humanos de todos y cada uno de nosotros, el acceso universal a los servicios públicos y la convivencia pacífica de todos los españoles.

Tribuna de opinión publicada el 25 de noviembre de 2012 en El Mundo Cantabria

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